Movilidad eléctrica y perspectiva de género: políticas públicas para una transición urbana más inclusiva

Durante años, las políticas de movilidad urbana se diseñaron bajo una idea de usuario aparentemente universal. Sin embargo, la forma en que las personas habitan, recorren y experimentan la ciudad no es homogénea. El género, el nivel de ingresos, las responsabilidades de cuidado y las condiciones territoriales modifican profundamente la experiencia de movilidad.

Por ello, cuando hoy hablamos de movilidad eléctrica y transición tecnológica del transporte, también estamos hablando de una oportunidad para replantear cómo se diseñan las políticas públicas urbanas.

La electrificación del transporte no debería limitarse únicamente a sustituir vehículos de combustión por tecnologías más limpias. También puede convertirse en una herramienta para construir sistemas de movilidad más inclusivos, accesibles y seguros.

Experiencias desarrolladas por e-mobilitas —como el Plan Maestro de Movilidad Eléctrica para el Transporte Público Urbano y Logístico de Paraguay y la Estrategia de Movilidad Eléctrica del Estado de México (EMEEM)— muestran que sí es posible integrar la perspectiva de género dentro de políticas públicas de movilidad eléctrica de manera concreta y accionable.

La movilidad no se vive igual para todas las personas

Diversos estudios sobre movilidad y género han documentado que las mujeres presentan patrones de viaje diferenciados respecto a los hombres. Esto incluye trayectos más complejos y encadenados —asociados a tareas de cuidado, compras, trabajo y acompañamiento familiar— así como una mayor dependencia del transporte público y de sistemas intermodales (Soto Villagrán, 2018).

También existen diferencias importantes en percepción de seguridad, accesibilidad y tiempo disponible. Investigaciones sobre derecho a la ciudad y movilidad urbana han señalado que factores como iluminación, conectividad peatonal, tiempos de espera o infraestructura de transporte influyen directamente en la autonomía y apropiación del espacio público por parte de las mujeres (Corte Interamericana de Derechos Humanos, 2009).

La perspectiva de género aplicada a la movilidad implica entonces reconocer que las ciudades no son experimentadas de la misma manera por todas las personas y que las políticas públicas aparentemente “neutras” pueden reproducir desigualdades estructurales si no consideran estas diferencias.

La Caja de Herramientas de Perspectiva de Género de la Ciudad de México define precisamente la perspectiva de género como una metodología para identificar desigualdades estructurales y diseñar acciones públicas orientadas a corregirlas. Aplicada al transporte, esto implica incorporar diagnósticos diferenciados, datos desagregados y criterios de inclusión dentro de la planeación de movilidad.

La movilidad eléctrica puede transversalizar agendas sociales

Uno de los elementos más relevantes en el diseño de políticas públicas es la alineación entre sectores. Estrategias de movilidad eléctrica pueden articularse con políticas climáticas, energéticas, urbanas y de igualdad de género ya existentes, permitiendo generar impactos sociales además de ambientales.

El caso de Paraguay resulta particularmente relevante. El Plan Maestro de Movilidad Eléctrica para el Transporte Público Urbano y Logístico incorporó referencias a la Estrategia Nacional de Género ante el Cambio Climático, cuyo objetivo es promover la incorporación activa de la perspectiva de género en las políticas climáticas nacionales.

A partir de ello, el Plan Maestro integró líneas de acción que vinculan explícitamente la transición tecnológica con inclusión social y equidad de género.

Entre las acciones propuestas destacan:

  • Realizar estudios de factibilidad técnica y económica con componentes sociales para identificar mecanismos de acceso al transporte público eléctrico para grupos vulnerables.

  • Diseñar esquemas de integración social como descuentos tarifarios, horarios preferenciales o rutas prioritarias.

  • Desarrollar diagnósticos sobre participación laboral de mujeres en el sector transporte.

  • Incentivar la incorporación de mujeres mediante criterios de inclusión en procesos licitatorios y de formalización.

  • Fortalecer capacidades institucionales en perspectiva de género tanto en el sector público como privado.

Esto evidencia que una política pública de electromovilidad puede ir mucho más allá de la renovación tecnológica de flotas. También puede convertirse en un instrumento para promover inclusión laboral, accesibilidad y reducción de desigualdades urbanas.

El Estado de México: integrar género desde el diagnóstico

La Estrategia de Movilidad Eléctrica del Estado de México (EMEEM) incorporó la perspectiva de género desde etapas tempranas de análisis y diagnóstico.

Durante el estudio de movilidad en la Zona Metropolitana del Valle de México se evidenció que los patrones de viaje son diferenciados entre hombres y mujeres. El documento señala, por ejemplo, que las mujeres muestran mayor preferencia por modos como taxi, Mexicable, Trolebús, bicitaxi y mototaxi respecto a los hombres.

Estas diferencias están asociadas a múltiples factores: percepción de seguridad, conectividad, accesibilidad y niveles de ingreso. En muchos casos, la elección modal no responde únicamente a eficiencia temporal, sino también a condiciones de seguridad o asequibilidad económica.

La estrategia incorporó además una línea específica para la integración de la perspectiva de género, incluyendo acciones como:

  • Promover liderazgo y participación de mujeres en organismos públicos vinculados con electromovilidad.

  • Impulsar políticas de inclusión en empresas operadoras.

  • Vincular renovación de flotas eléctricas con beneficios sociales para grupos prioritarios.

  • Desarrollar capacitaciones institucionales sobre igualdad y género.

  • Fortalecer mecanismos de coordinación interinstitucional con enfoque inclusivo.

También se reconoce la importancia de la infraestructura urbana en la experiencia diferenciada de movilidad. Aspectos como diseño de estaciones, accesibilidad peatonal, iluminación o integración modal pueden modificar significativamente la percepción de seguridad y el acceso efectivo al transporte. Esto coincide con investigaciones sobre movilidad y género que destacan cómo el entorno urbano condiciona el acceso desigual a oportunidades educativas, laborales y sociales (Instituto de Investigaciones Jurídicas UNAM, 2022).

La transición tecnológica también requiere diversidad institucional

La discusión sobre género y movilidad no se limita únicamente a las personas usuarias. También involucra quién participa en la toma de decisiones.

Sectores como transporte, infraestructura, energía y planeación urbana históricamente han tenido baja representación femenina en puestos técnicos y de liderazgo. Esto puede traducirse en sesgos institucionales al momento de diseñar políticas públicas y priorizar inversiones.

Diversos enfoques sobre derecho a la ciudad y movilidad con perspectiva de género han señalado que la participación de mujeres en procesos de planeación no es solamente una cuestión de representación, sino una condición para construir políticas más sensibles a las necesidades reales de la población (Corte Interamericana de Derechos Humanos, 2009).

En este contexto, la movilidad eléctrica ofrece una oportunidad particularmente relevante: al tratarse de un sector todavía en transformación, existe margen para incorporar criterios de inclusión desde etapas tempranas del desarrollo institucional y tecnológico.

Una transición justa también debe ser inclusiva

La movilidad eléctrica es una herramienta fundamental para enfrentar desafíos climáticos y mejorar la calidad del aire urbano. Pero una transición verdaderamente sostenible no puede medirse únicamente en toneladas de CO₂ evitadas o número de autobuses eléctricos incorporados.

También debe evaluarse por su capacidad para ampliar acceso, seguridad, inclusión y oportunidades.

Los casos de Paraguay y el Estado de México muestran que las políticas públicas de electromovilidad pueden integrar objetivos ambientales, sociales y de igualdad de género de manera simultánea cuando existen diagnósticos diferenciados, alineación institucional y visión de largo plazo.

Porque la transición hacia ciudades bajas en carbono también puede ser una oportunidad para construir ciudades más equitativas.


Referencias




📩 Para más información:
Miriam.m@e-mobilitas.com

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